La última película de Isabel Coixet, me llevó al cine principalmente por estar ambientada en una de las ciudades de mis sueños, Tokio.

Hay quiénes la tildan de obra maestra, y otros de pifia, en mi humilde opinión de aficionado al cine, la fotografía desde luego es una obra maestra, por no hablar de la banda sonora que literalmente, te llena el alma.

El problema viene en la película en sí, trata una amalgama de temas manidos como la muerte, la superación, el amor, humillación y la venganza, en definitiva, aunque sea bonita no aporta nada nuevo. Existe un narrador que aparece y desaparece sin sentido, desapareciendo a mitad de película, para volver al final para decir una frase con tintes de filosofía oriental.

Si la señorita Coixet llegara a leer esto, por favor no olvide lo siguiente: utilizar el sexo como metáfora esta bien, pero no abuse de él, sinceramente, no me apora nada ver como tiene sexo Rinko Kikuchi con Sergi López, para eso no pago 5 euros, en internet ya tengo todo el sexo interracial que pueda desear.

Nota final: 6,5